martes, 10 de mayo de 2011

Día 207

Hum...

Hola a todos! Espero que estéis pasando un fresco día; porque vamos... quién me iba a decir que en León íbamos a estar a 25 grados a las 7 de la tarde. Ozú qué caló!!

bien, os cuento que hoy ha sido un día de esos de no parar. De los que molan, porque no he tenido tiempo para aburrirme, sensación que llevaba sintiendo unos días atrás. Tras el desayuno, y en un acto de temeridad, se me ha ocurrido descargar el programa PADRE para hacerme la renta “en un momento”. Pero buah... ha sido imposible aclararse con esos términos técnicos a la hora de referirse a los conceptos básicos de ingresos y gastos. Así que, al final, me he olvidado del asunto y me he bajado a desayunar.

Tras el desayuno, he ido a la sala de fisio. Después de no sé cuántas semanas, vuelvo a tener fisio de forma oficial. Había olvidado la sensación de mercado que se crea en minutos concretos en la sala: Camilo cantando en una camilla, un residente haciendo pesas en la pared por tormento de los que están en la habitación de al lado, los que entran, los que salen, los que discuten de fútbol... de repente, unos se van, otros se cayan, y se crea un silencio que es poco habitual, más propio de una sala de fisioterapia. Seguimos estirando las piernas. Hoy, el fisio me decía que ya estira la pierna prácticamente por completo. He de decir que hoy he dormido muy bien tras el trabajo de estos días.

Después del fisio, he subido a hacer mis 45 minutos de pedalier. Poco a poco, voy intentando mantener el ritmo, la velocidad de giro, a pesar de haber aumentado el tiempo de trabajo. Y bueno, parece que lo voy consiguiendo. Como lo utilizo desenchufado de la corriente, para forzar el mecanismo, no he puesto nunca en marcha el contador, pero la verdad es que me gustaría saber la distancia que llevo recorrida; que debe ser bastante. Tras el pedalier, he vuelto a bajar a la sala de terapia, a seguir con lo propio. El cubo de arena, los conos y las figuras de animales con agujeritos por los que ir pasando un hilo a modo de ir cosiendo algo y trabajar así la precisión de la pinza de las manos.

Y con esto, se me ha ido la mañana hasta la hora de comer. Tras la cual, y tras descansar un poco, me he ido a entrenar al pabellón. Quedaba parte del ejercicio de la semana pasada por terminar; y en eso hemos invertido la tarde. Ha estado muy bien; ya que se trataba de hacer saques desde los diferentes boxes en que jugaría en los partidos de parejas, a las distancias que tenemos acordadas, y todos los porcentajes han sido mayores del 70%. hacía calor en el pabellón, tenía un grupo de baloncesto entrenando en la cancha de al lado, el suelo estaba lleno de la pelusa que flota estos días en el ambiente... y aun así, me he sentido a gusto trabajando. Parece que poco a poco me voy aislando del exterior. Para ello, busco en mí una sensación que me resulte agradable, y me quedo todo el tiempo con ella.

Y poco más. Ahora toca descansar hasta la hora de la cena. Anoche terminé el libro de “Venganza en Sevilla”. Así que empezaré otro antes de irme a la cama...

Besos!

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