domingo, 12 de mayo de 2013

Día 116


Hum...

Hola a todos! Cómo ha ido el día? Y el fin de semana? Espero que bien, y que hayáis vuelto a tener en él tiempo para vosotros, para vuestras inquietudes y vuestros caprichos. No se trata de vivir más o menos tiempo; sino de disfrutar de los días de la mejor forma posible.

Bien, este fin de semana lo he tenido de descanso en lo que a entrenamientos se refiere; aunque es cierto que he dedicado algo de tiempo a moverme un poco y estirar el cuerpo. Como os digo muchas veces, un deportista no lo es solamente durante el tiempo que está en la pista de entrenamiento; sino en todo el día a día. Las horas de sueño, la alimentación, las rutinas... Y dentro de ese cuidarme, mi entrenadora y yo tenemos muy claro que es igual de importante los periodos de carga que los de descanso. Y en ello, entra tanto la parte física como la parte mental. Total, que entre que tenía descanso y que el viernes recogí la furgoneta, me he ido a Oviedo a rodarla un poco y pasear. Es una ciudad que me encanta, señorial, limpia, ordenada... da la sensación, al igual que en San Sebastián, de que uno está en una ciudad del norte de Europa.

Este fin de semana se celebra en Oviedo el fin de semana de La Ascensión; y la ciudad se llena de actividades. Paralelamente con la festividad religiosa del jueves pasado, donde se conmemora la ascensión de Cristo a los cielos, la ciudad recrea una tradición que viene del siglo 18, cuando los mercaderes se reunían en esta fecha junto a la plaza de la catedral para celebrar la fiesta del mercado de ganado. Así que, este fin de semana, todo el mundo iba vestido con trajes de la época, y los artesanos, en calles y calles adyacentes a la catedral, vendían toda clase de objetos y comida. Os adjunto una foto.





Después, paseando, me encontré con la iglesia donde se casó Franco; muy colorida, donde había un Rolls Royce esperando a la novia. Y lo vi tan flamante, que me detuve a sacarle una foto. En eso, junto a mí, otro hombre hizo lo mismo. Y en eso, se acercó a nosotros un tercer hombre que recogía firmas en contra de la ley Wert. Es un hecho que no tendría mayor relevancia si no fuese por la conversación que tuvieron y que me hizo pensar:

-Una firma para la mejora de la educación de nuestros hijos?
-No gracias, yo no tengo hijos. Es algo que no me afecta.

Y el hombre se marchó...

Así nos va. En este país la gente se manifiesta, protesta, pide ayuda... y todos los demás, cuando son temas que no nos afectan, no les apoyamos. Es cierto que no podemos ir al 100% de las manifestaciones; pero si todos intentásemos apoyar a los que buscan y persiguen algo, las cosas funcionarían de otra forma. Recuerdo que, cuando estudiaba el grado superior de técnico ortopédico, tuve problemas porque el instituto donde estudiaba no me concedía el título de técnico como al resto de compañeros al no poder realizar una parte de los trabajos que hacíamos en el taller. El único profesor que me apoyó entonces, auguraba que todos mis compañeros se comerían algún día “un bocadillo de mierda” porque, en aquel momento, mi situación era algo que a ellos no les afectaba y ninguno me ayudó. Y hoy, he recordado aquellas palabras. El bocadillo de mierda, significa que las causas que libra cada uno, sean grandes o en la intimidad, no importan al resto de la gente, y que poco a poco estamos perdiendo el sentido y el concepto de que todos estamos, de alguna forma, conectados unos con otros. Quizás tus batallas no me importen o no me afecten; pero si puedo, debo apoyarte en ellas para que consigas aquello que persigues. Es así de sencillo. Si no, un día me servirán en un bar un bocadillo de mierda. Y es que, el día en que otros protestaron por ello, pensé que a mí no me afectaría...

Y poco más. Voy a ver si hago una copia de seguridad que hace mucho que no la hago...
Mañana os veo de nuevo.

Besos a todos!!

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